El alegre, exitoso y feliz cabeza de familia, Abel González que conocí.

Por Pepe Sanchez

Definir a Abel González Chávez era muy fácil y podía hacerse en una sola palabra: Familia. Para él no existía nada superior. Ese era su universo y su única razón de existir. Por encima de su propio ego, de su personalidad, de su carrera profesional, estaban su esposa e hijas.

-El corazón del hombre está donde está su tesoro, dice la frase bíblica, Pepe- me repetía a comienzos de este extraño y desalmado tercer milenio.

Lo entendí a comienzos del 2000, cuando llegué a la una a la emisora para encontrar la sorpresa de que el programa Satélite, había sido «suspendido hasta nueva orden»

-Es que resulta demasiado costoso que se haga el programa con Abel desde Estados Unidos. El valor de la llamada desde Estados Unidos es demasiado elevado- fue la respuesta que recibí.

Todo estaba claro y lo fue aún más al leer lo que Abel publicó en la incipiente página web de Satélite en ese entonces:

-No llores por mí, Barranquilla, que yo lo haré por tí.

El éxito monumental alcanzado por el programa radial en ese momento -que por fin llegaba al primer lugar de sintonía- (con una ventaja considerable que asombraba hasta los propios directivos de la emisora) con un rendimiento económico total pues estaba abarrotado de publicidad, la admiración de un enorme sector del público, el reconocimiento y admiración de un importante sector de la dirigencia nacional, nada de eso era importante. Lo único que le interesó a Abel en ese instante de gloria, era vivir al lado de su familia, y si para lograrlo tenía que abandonar todos lo conseguido, eso haría.

La situación se resolvió poco después de manera favorable mediante el uso de la tecnología, de esa tecnología a la que tanto esfuerzo dedicó y que permitió que se lograra el milagro: Abel en Estados Unidos, al lado de toda su familia, feliz y exultante, dirigiendo el programa desde Estados Unidos.

-Pepe es otro de los sueños cumplidos- me dijo una vez disfrutando de un whisky en casa de algunos amigos. Siempre creí que uno podía trabajar desde cualquier parte del mundo y gozar del changa changa y del fafarafa como estamos haciendo hoy aquí en Baranoa- agregó riendo.

Ese era el verdadero Abel y no el estereotipo que muchos se habían formado acerca de él, a raíz de oírlo en la radio todos los días, con comentarios acerca del fútbol, de la situación del país. Si su núcleo familiar marchaba bien, él era feliz. Un hombre alegre, dicharachero, mamador de gallo y sobre todo, muy musical. Cuando hablaba del changan changa y del fafarafa, se refería a nuestros ritmos básicos, la cumbia y el porro, a los que adoraba.

Desde el principio hicimos un tandem muy bien compenetrado. -Pepe vamos a transmitir béisbol de Grandes ligas así que prepárate. Vamos por Comercial Dinámica- me dijo una tarde.

-Bueno, que sea béisbol -le respondí- aunque habría sido mejor el fútbol porque habríamos sido como los dos aleros que trajo el Santos de Pelé, que eran Abel y Pepe

-Erdaaaaaa, no me acordaba de eso. Abel, Toninho, Pelé y Pepe, era la delantera de ese equipo cuando vino a Barranquilla…¡Qué vaina del carajo…! Eso lo vamos a explotar- me dijo.

Se cumplió a cabalidad. Por 25 años fuimos la pareja radial de moda no sólo en Barranquilla; ahora, gracias a Internet, nos escuchaba mucha gente del interior del país.

Abel no se cambiaba por nadie. Con la cercanía y tranquilidad de su familia garantizadas, la onda ascendente del programa en pleno curso y el cariño y la admiración de los barranquilleros en aumento, esa alegría ostentosa que era su característica, no tenía límites.

-Viejo Pepe, vamos a traernos a Juancarlosbuggy dse tiempo completo parea Satélite. Es un gran refuerzo..¿No te parece?– me preguntó.

Desde luego que estuve de acuerdo. Buggy es uno de esos personajes sobresalientes, talentosos e instintivos, que hacen falta en cualquier sitio.

-Ahora sí que se la están llevando toda. Entre los tres están haciendo historia- nos dijo en cierta ocasión el entonces senador, Fuad Char Abdala.

Un episodio pintoiresco, macondiano, pero muy simpático, nos acercó a Mike Schmullson. Nosotros habíamos empezado las transmisiones por televisión del beisbol de Grandes Ligas, a través de Comercial Dinámica, desde luego, sin chocar con los horarios en que lo hacía Telecaribe.

-No, no son una competencia, pero son verdaderos piratas. De todas formas, no me molesta lo que hacen- había dicho en alguna oportunidad, ese genio del beisbol y del periodismo que era Miike.

Se acercaba la parte del final de la MLB, con los play offs y la Serie Mundial y un día, en el programa, Abel me pidió que lo llamara por teléfono para entrevistarlo acerca del tema. -¡Qué placer saludar a los queridos habitantes de Pittsburgh…! Porque ustedes son colegas de los Piratas a de Pittsburgh…¿O no Abeli y Pepe?- nos dijo entre risas y a manera de saludo cuando lo tuvimos al aire, en la línea telefónica

-¡Hombre, Mike….! Gracias por habernos atendido y para nosotros es un honor tener la oportunidad de hablar contigo. sobre todo en este campo en el que tu no tienes rival. Nosotros aquí hacemos un esfuerzo, mediante las estadísticas que nuestro equipo ha preparado a través del computador, para poder hacer una buena transmisión- le dijo Abel entre carcajadas

-Sí, y en realidad a mí me gusta lo que hacen. El béisbol no es especulación. El beisbol, si no está acompañado de una gran porción de de información y estadísticas…¡Sigan haciéndolo, queridos habitantes de Pittsburgh- dijo Schmulson al cierre

-¡Pepe, nos dio la absolución. Se limaron las asperezas con este monstruo…! -me dijo Abel ya fuera del micrófono.

Aquí podríamos quedarnos recordando anécdotas, grandes momentos, satisfacciones de todo tipo y éxitos monumentales. Fueron 25 años de trabajo compartido que, como él decía, no era trabajo sino alegrías.

-Lo mejor que te puede pasar es que ames tanto tu trabajo, que te sientas tan a gusto en él, que sea para ti una diversión en lugar de una obligación. Hacer uno lo que le gusta y que le paguen por eso, es lo mejor que le puede ocurrir al hombre- era parte de su filosofía.

Hoy, suspendo aquí. El resto, su creciente y desaforada pasión por la tecnología, su culto casi idolátrico por la imagen que debía mostrarse al público, la singular atracción que sobre él ejercía el fútbol, su sui géneris posición frente a los técnicos de este deporte…¿No están ahí, en la grabaciones de estos últimos 25 años de Satélite?- habría preguntado Homero en La Ilíada

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