Aumenta abandono de niños en Sudáfrica

El orfelinato Door of Hope de Johannesburgo instaló en su entrada principal un «buzón para bebés», que activa una alarma cuando se deposita un niño abandonado.

En 15 años, Francinah Phago, administradora de ese orfelinato y ex maestra de un jardín infantil, ha visto a decenas de niños dejados en el cubo de metal incrustado en el muro en 1999.

Unos 3.000 niños son abandonados cada año en Sudáfrica, según la Coalición Nacional de Adopción.

Una cifra que refleja apenas una parte del problema: abandonados en sus primeras semanas de vida, a veces en condiciones peligrosas, muchos niños mueren antes de ser encontrados. Según especialistas, el número total de abandonados puede llegar a 10.000 por año.

«Baby F», de cinco meses, es el bebé número 216 dejado en Door of Hope a través de ese «hueco en el muro». Francinah asegura que tuvo suerte: «Muchos son abandonados en las calles, a la orilla de la carretera, en parques o en los servicios sanitarios».

– La adopción tabú –

«Las madres que abandonan a su bebé fueron con frecuencia abandonadas por el padre del niño, sus familias, su comunidad y la sociedad», señala Dee Blackie, fundadora de la Coalición Nacional de Adopción.

«En este país no protegemos a las mujeres jóvenes», estima. Según sus investigaciones, cerca de la mitad de los embarazos que llevan a un abandono son consecuencia de una violación.

Muchas madres son menores o migrantes, y no se dan cuenta de su estado hasta después del plazo legal para abortar, fijado en 20 semanas en Sudáfrica.

En un país donde casi la mitad de la población vive en pobreza, «ellas están en una situación desesperada y toman medidas desesperadas».

En Door of Hope, algunas madres dejan a sus niños directamente con los empleados. «Casi siempre, lloran. Quieren a sus hijos y no los quieren abandonar, pero la situación las obliga a hacerlo», recuerda Francinah.

La adopción «es un tabú en nuestra comunidad negra», explica Thuli Mahlangu. Hace cuatro años, cuando su hija única le dijo que estaba embarazada, esta madre soltera quedó devastada: «Sería injusto criar un niño en nuestra situación. No vivimos, sobrevivimos».

Después de varias semanas, Thuli y su hija decidieron dar al bebé en adopción, sin contarlo a la familia. «Ellos consideran que la adopción es como si tiraras a tu hijo», dice entre lágrimas.

Pero «abandonas tus creencias, tus tradiciones y haces lo que parece justo», agrega.

– Generación de huérfanos –

Las agencias de adopción y las asociaciones de defensa de los derechos de los niños reportan una caída en el número de adopciones en el país. En 2018 hubo 1.186, cuatro veces menos que en 2010.

Y esas cifras podrían bajar aún más pues una enmienda a la Ley del Niño busca suprimir los gastos de adopción, lo que podría llevar a las agencias privadas a cerrar.

«La adopción no debería acarrear gastos. Es una medida de protección del niño, no un negocio», argumenta Lumka Oliphant, directora de Comunicación del Ministerio de Desarrollo Social.

Pero cuanto más tiempo pasa un niño en un hogar, más riesgo tiene de desarrollar problemas de salud mental, de aprendizaje y emocionales, advierte Nicki Dawson, sicólogo del centro de salud pediátrico Ububele.

«No se ha considerado debidamente las implicaciones para la sociedad de estas generaciones de niños que crecieron en los orfelinatos», señala Dee Blackie.

Thuli y su hija tuvieron suerte: seis meses después del parto, la agencia encontró una familia adoptiva para su bebé. «Pudimos conocer a los padres, son las almas más hermosas del mundo», afirma Thuli.

Mientras que miles de niños esperan su turno en los orfelinatos de todo el país, la niña crece en una nueva familia. El último regalo que le hizo su familia biológica fue su nombre en zulú «Siyamthanda», que significa «te amamos».

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