Tras una sesión maratónica, 195 países aprobaron este miércoles en Ginebra el informe del panel de la ONU dedicado al cambio climático sobre el uso de las tierras y su impacto en el calentamiento global.

El IPCC finalizó este informe temático «tras una sesión final maratónica» hacia las 10h30 GMT, tuiteó Stephen Cornelius, de la oenegé WWF.

Las discusiones, en principio programadas hasta el martes, terminaron recién este miércoles tras una última sesión maratónica de aproximadamente 28 horas.

El jueves será revelado el contenido exacto del «resumen para los decisores políticos», de unas 1.200 páginas y que fue aprobado por consenso tras una revisión línea por línea por parte de los participantes, en consulta con los científicos autores.

«Estamos muy contentos de que este informe haya sido aprobado», se congratuló Fernanda Carvalho, también de WWF.

El texto es fundamental puesto que subraya «que la forma en que utilizamos las tierras no sólo impacta en el clima, sino también en la capacidad de éstas para proporcionar medios de vida a las personas, a la naturaleza y a la biodiversidad», añadió.

– ¿Alimentación vs clima? –

Esta pericia científica, la más completa realizada hasta la fecha sobre el tema, analiza el estado de las tierras, los impactos actuales y futuros del cambio climático, y también sobre la manera en que la modificación del uso de las tierras afecta al clima.

Los autores además estudiaron el sistema alimentario mundial, sus límites y la evolución de las dietas, en particular en referencia al aumento del consumo de carne. Unos 820 millones de personas sufren hambre, dos mil millones de adultos obesidad o sobrepeso, y se desecha el 30% de los alimentos.

El informe también aborda la lucha contra la desertificación, el papel de las mujeres y de las comunidades autóctonas.

Detrás de este asunto complejo, que atañe a dominios muy diversos –condiciones de vida de muchas personas, preservación de ecosistemas, intereses de las potentes industrias agroalimentarias y forestales– se encuentra una pregunta fundamental: ¿cómo alimentar a una población que podría llegar a 11.200 millones de personas en 2100, limitando al calentamiento global en 1,5 °C, objetivo ideal del Acuerdo de París sobre el clima?

¿Cómo se puede alcanzar esto sin desatar una intensa competencia por el uso de las tierras y sin degradar aún más los ecosistemas, en tanto las actividades humanas ya han dañado aproximadamente a la cuarta parte de la masa de tierra emergida no cubierta por el hielo?

Algunos son partidarios de soluciones basadas en bioenergías, o sea, producidas a partir de madera, productos agrícolas o desechos orgánicos, y la tecnología de los BECCS, cuya finalidad es producir energía en tanto se elimina el CO2 de la atmósfera.

Otros actores advierten contra el peligro que representa la utilización de estas técnicas a gran escala, puesto que requerirían grandes superficies de tierras que ya no podrían utilizarse para la agricultura y/o ganadería.

Precisamente, este tema fue uno de los principales escollos a superar durante las discusiones en Ginebra, según observadores.

Este informe especial es consecuencia de otro respecto a la factibilidad del objetivo de 1,5 °C, publicado en octubre pasado. Éste sacudió a la opinión pública y centenares de miles de personas se lanzaron a la calle para exigir a sus gobiernos que actuasen con más rapidez.

Un tercer informe «especial», en este caso dedicado a los océanos y la criósfera (banquisa -capa de agua congelada en los océanos-, glaciares, casquetes polares) debe ser aprobado a fines de septiembre en Mónaco, coincidiendo con la cumbre sobre el clima que la ONU organizará en Nueva York.

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