El maestro Alberto del Castillo exhibe partir de hoy  su más reciente muestra pictórica de óleos de mediano formato, con toda la riqueza y el colorido de su imaginario creativo.

La fuerza y temperamento  de la muestra es una denuncia sin atajos contra la destrucción de nuestra albufera, ese caldo primigenio donde hemos habitado y cohabitado casi de espaldas a su naturaleza, a su fuente y a su vida.

Se yergue esta muestra en su denuncia sin paliativo alguno a  la critica de este daño ambiental. En la maestría del pincel afloran el oleo, las raíces la profusión estética de un paisaje único enraizado en la construcción de nuestros imaginarios en el tiempo, en la forma genuina donde crecimos y donde estamos rodeados.

Algunos de sus cuadros reflejan un mangle herido, unas cortezas desoladas bajo el influjo constante de la contaminación, la depredación y nuestra complicidad plena y de espaldas a este asesinato ecológico.

Este artista nos enrostra en su  reflexión estética lo que hemos hecho en nuestro abandono y agresión  en éstos paraísos acuáticos que aún nos sobreviven y que a unos cuantos kilómetros de aquí podemos sentir en el viento que nos trae sus heridas y sus cenizas.

Con sus imágenes la pupila se conmueve y en esencia quedamos marcados para una reflexión profunda de esta realidad ecológica casi deshabitada. Ojalá revivan los mangles, la vida y vuelvan los pájaros y todo canto vocinglero y habitado de éste caribe nuestro, más abierto, más espiritual y menos inhumano.

El proceso destacado de éste artista y docente legitima la denuncia.

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