POR: FRANCISCO RUIZ

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@faruizt

Ha sido el revuelo en los últimos días «Teofilo Gutiérrez le quiere quitar la mujer a Ovelar», «Ovelar no jugará más en Junior por los problemas con Teo», «Teofilo es el nuevo Icardi» afirmaciones que crecen como espuma en las redes sociales sin ninguna evidencia seria, pero más grave aún afirmaciones difundidas entre periodistas que no hacen nada para comprobar su veracidad.

Tal vez usted ha escuchado del relato de Gabo «Algo muy grave va a suceder en este pueblo» en éste, al momento de servirle el desayuno a sus hijos, una señora les expresa que tiene el presentimiento de que algo malo va a pasar en el pueblo ese día, ellos se ríen cuando la escuchan en señal de incredulidad, sin embargo, han quedado sugestionados… en el transcurso del día le cuentan a sus allegados y éstos a los suyos hasta que el rumor se difunde por todo el pueblo. Luego de todo un alboroto orquestado por el rumor, la gente termina entrando en pánico: lo que originalmente era sugestión pasó a ser un chisme que terminaría por convertirse en la realidad. En el final del relato uno de los habitantes del pueblo proclama:

«Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa y entonces la incendia y otros incendian también sus casas».

En su genialidad, de forma muy sencilla Gabo ilustraba el peligro que envuelve un simple rumor en un medio propicio para para que se propague. Algo no muy lejano a ese relato viene ocurriendo en estos días, en las redes sociales; cualquiera dice lo que le place, cada cabeza es un mundo y es muy difícil controlar que todo lo que se diga en redes sociales sea verídico; la verdadera gravedad del asunto radica en el momento en que los medios salen a legitimar cualquier vulgar chisme y a basar sus «noticias» en rumores, precisamente porque son los medios los que revisten de credibilidad, es muy fácil que una mentira que nació de una anónimo se vuelva verdad a los ojos del espectador por el simple hecho de ser difundida por un medio medianamente conocido.

No puede ser que la única fuente para todo el alboroto que se ha desencadenado sea un audio anónimo que circula en WhatsApp, que lo pudo elaborar cualquier persona y con lo cual no se puede demostrar nada. No puede ser que la mayoría de los medios que hacen eco a una mala propaganda hacia Teofilo Gutiérrez, Roberto Ovelar y sus familias no sean capaces de lograr una versión de los directamente implicados en semejantes acusaciones. Por principio las versiones deben ser confirmadas, al igual que testimonios o informaciones provenientes de cualquier fuente.

Aquí lo mínimo que se puede hacer es pedir respeto, no solo para Gutiérrez y Ovelar, sino también para sus familias: sus esposas y sus hijos son quienes llevan la peor parte y la práctica inescrupulosa de un sector del periodismo no puede justificar tal daño.

Vamos junioristas, mesura, estamos en un punto decisivo de la temporada, es momento de estar unidos apoyando en una sola voz al tiburón. «Los perros ladran, señal que estamos avanzando»

 

 

 

 

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